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Vivir a través del Yoga. Parte 2.

Estructura mental de víctima o de responsable

Emiliano E. J. Crivellari

En mi artículo “Vivir a través del Yoga” mencioné la importancia de actuar de cierta manera. Hice mención a la importancia de obrar de forma adecuada aún en la propia soledad, aun cuando nadie está mirando o juzgando y otras directivas conforme a principios universales necesarios para la paz y el bienestar general de la humanidad que son propios de la tradición de Yoga y necesarios para una práctica profunda y transformadora de la disciplina.
En esta segunda parte (recomiendo leer la primera previamente), abordaré otra cuestión, una directamente relacionada con los temas tratados y que es la consecuencia y la vez motor de aquella. Es que tomar conciencia del modo de actuar nos introduce en otro tema: la responsabilidad.
Sólo al entender nuestras posibilidades y nuestro poder para hacer o dejar de hacer, sólo al conocer nuestra libertad sin culpar a ninguna persona o circunstancia externa es que podremos actuar conforme a nuestro propósito.
Desde el coaching ontológico, y en lo personal desde el Kurma Padavi, se aborda esta cuestión a través de la dicotomía víctima-responsable. ¿Qué significa? básicamente que existen dos modelos mentales distintos a través de los cuales se interpreta el mundo que nos rodea y, particularmente, cómo afecta ese mundo a nuestros planes y a nosotros mismos. Esas estructuras mentales son la de víctima y de responsable.
Así, la persona que tiene una estructura mental de víctima suele caracterizarse por atribuir a otro cada uno de sus fracasos y frustraciones, es decir, cada cosa que le sale mal o le disgusta es ocasionada por algo o alguien que es ajeno a él y que no puede superar. La víctima siempre busca a quién echar la culpa: los demás, la familia, los padres, el trabajo, el país, los políticos, o incluso fuerzas sobre humanas “el universo está en mi contra”, “estoy meado por dinosaurios”, etc. Cada cosa negativa que ocurre en su vida (siendo siempre mayoría las cosas negativas que le ocurren) es causada por algo que está fuera de él y que tiene un poder invencible. Para cada fracaso tiene un motivo y para evitar cada intento tiene una excusa. La víctima busca continuamente cómplices, gente con quién compartir sus desgracias y odiar juntos a los culpables de esa “desgracia”, y si el cómplice no le sigue el juego automáticamente ese cómplice pasa a ser parte de los que “no lo entienden”, “no lo apoyan”, “no lo escuchan” y se alejan de ese cómplice buscando uno nuevo para quejarse con él de que su cómplice anterior no lo entendía. A la víctima todo “le” pasa mientras él sólo se resigna a sufrir y quejarse.
Estoy casi seguro que todos nosotros en algún momento o con alguna cuestión en particular hemos tomado el cómodo rol de víctima o hemos escuchado a alguien culpar al tránsito, a la economía, a los políticos, a los empresarios, a los ricos, etc.
La otra estructura mental es la del responsable. Es la vereda opuesta. Lógicamente es una actitud mucho más compleja y difícil de llevar a cabo. Ser responsable implica un compromiso muy serio con forma de apreciar la realidad. El responsable no busca a quién culpar, la mirada no está puesta en el otro o en los otros, sino en uno mismo, analizando cuál es su papel en cada situación y qué pudo o puede hacer desde su propio accionar. No se trata de culparse a uno mismo de cada fracaso, de hecho, el responsable no fracasa nunca, simplemente cada ocasión, haya logrado o no su objetivo, sirve de experiencia para la próxima oportunidad.
Fuera de lo motivador que suena declarar que a partir de este momento uno comienza a asumir la responsabilidad de su propia vida, la realidad es que tal comportamiento implica enfrentarnos duramente con nuestras verdades más calladas (calladas o desoídas voluntariamente), nuestra responsabilidad en nuestra salud, en nuestra apariencia, en la economía personal, en el malestar social generalizado, etc.
Ser responsable implica el compromiso de que ante cada suceso se analicen cuatro aspectos:

  1. ¿Qué hice para que eso pase? (o que no pase, según el caso)
  2. ¿Qué pude haber hecho para que no pasara? (o que sí pasara, según el caso)
  3. ¿Cómo valoro e interpreto lo que pasó de manera que me sea útil para el futuro?
  4. ¿Qué hago ahora que pasó? (o no pasó, según el caso)

Para ser responsable es necesario dejar de pensar las situaciones como problemas ajenos que nos afectan y comenzar a analizarlos como posibilidades propias de actuar. Si los problemas son ajenos está fuera de nuestras posibilidades hacer algo al respecto ya que no tenemos el poder de manejar a los demás ni los acontecimientos exógenos. Pero si somos, también, parte y responsables de esa situación la historia cambia por completo, algo depende de nosotros y siempre tenemos el poder sobre nuestras  decisiones y acciones, aunque no sea sencillo. Asumir el rol de la víctima o del responsable no es más que una decisión.
Culmino con una cita de la obra de Viktor Frankl: “…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino (…) Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, la que hace que la vida tenga sentido y propósito” (ver nota al pie 1)

 

  • Víctor E. Frankl “El hombre en busca de sentido”. Ed. Herder. Barcelona.